Shagya, los caballos árabes diseñados por el Imperio Austro-Húngaro

En el siglo XIX el Imperio Austro-Húngaro “diseñó” un caballo árabe polivalente y versátil que por velocidad y resistencia sirviera para su empleo en el ejército y en trabajos civiles. El primer semental se llamaba Shagya, un caballo que con el tiempo acabaría dando nombre a una nueva raza.

Caballo Shagya.

A comienzos del siglo XX el poderoso Imperio Austro-Húngaro contaba con los mejores sementales del mundo, con una enorme población equina formada por aproximadamente dos millones de ejemplares y con dos yeguadas que eran auténticos epicentros mundiales en todo lo referente a la cría caballar: Mezohegyes y Bálbona.

Con el objetivo de poder enfrentarse con garantías de éxito a la amenaza constante que suponían las invasiones del Imperio Turco y en un momento de la historia donde los caballos eran armas fundamentales desde un punto de vista militar y logístico, durante el siglo XIX las autoridades austro-húngaras se lanzaron a la búsqueda de una variante de caballo árabe que destacara por su polivalencia y versatilidad.

El objetivo era conseguir animales que fueran igualmente aptos para el ejército, para el enganche y tiro de carruajes y para las labores agrícolas, una complicada tarea en la que se utilizó como punto de partida a Shagya, un semental árabe de 1,60 metros de alzada llegado desde Siria en 1836 y que con el tiempo acabaría dando nombre a una nueva raza de caballos.

El caballo Shagya fue creado en el “laboratorio” de Bálbona. Fundada en 1789 por el comandante Joseph Csekonics y situada junto a la frontera con Austria y Eslovaquia, fue en esta yeguada donde comenzó la cría de los caballos árabes Shagya. Para los primeros cruces se eligieron yeguas procedentes de Transilvania, unos animales descendientes directos de los Tarpan y que eran famosos por su velocidad, resistencia y coraje.

Aunque la raza Shagya no sería oficialmente aceptada por la World Arabian Horse Organization (WAHO) hasta finales de los ochenta, durante buena parte del siglo XIX y comienzos del XX el éxito de la yeguada Bálbona fue tal que los caballos Shagya se convirtieron por sus características en los preferidos de los oficiales del Imperio Austro-Húngaro, una fama que pronto se extendió por toda Europa.

Cuenta la leyenda que la mítica resistencia de estos caballos quedó probada cuando uno de los descendientes de Shagya salvó a Bálbona de caer en manos de Napoleón Bonaparte. Después de que el ejército austro-húngaro fuera derrotado por las tropas francesas en su avance por Europa, el animal huyó al galope del campo de batalla y sin jinete regresó a Bálbona avisando con ello de la inminente llegada del enemigo, lo que facilitó poner a salvo a los Shagya antes de que los franceses pudieran capturar la yeguada entera.

En la actualidad el mayor número de ejemplares Shagya, curiosamente, no está a orillas del Danubio como todo hacía suponer sino en Alemania, país donde estos caballos fueron introducidos con éxito en la década de los setenta para su utilización en actividades de Doma Clásica, Salto de Obstáculos y fundamentalmente para su empleo en competiciones de Raid, donde su resistencia se ha convertido en legendaria.

El Shagya es un caballo de entre 1,50 y 1,55 metros de alzada que ha heredado la belleza y elegancia de movimientos de sus antepasados árabes, una sangre que todavía se mantiene en su ADN, y que entre otras características anatómicas presenta unas extremidades robustas, una musculosa grupa y un cuello perfectamente acoplado al tronco, que junto a su temperamento tranquilo y dócil lo convierten en un animal idóneo para todo tipo de actividades hípicas y ecuestres, tanto a nivel de competición como particular.

El típico color predominante en un Shagya es el tordo habitual en los ejemplares de origen árabe, pero a raíz de los cruces realizados los expertos en esta raza aceptan todas las capas incluida la negra.

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