Soledad: Un problema para la salud y bienestar de los mayores

El problema de la soledad no deseada es a día de hoy uno de los mayores problemas a los que se enfrenta nuestra sociedad, agravada por el paulatino envejecimiento de la población. En nuestro país más de 850.000 personas mayores de 80 años viven solas, por lo que nuestra sociedad debe buscar un compromiso conjunto para garantizar una atención de calidad y un acompañamiento a las personas en riesgo de vulnerabilidad.

La soledad, un problema para la salud y el bienestar de las personas mayores

En España aproximadamente el 29% de las mujeres y el 15% de los hombres viven solos, una circunstancia que influye de manera significativa y negativa en el bienestar psicológico de las personas mayores, sobre todo teniendo en cuenta que en nuestro país se calcula que al menos 850.000 personas mayores de ochenta años viven solas.

Pero aún hay más, porque en nuestro organismo la situación de aislamiento se traduce en una serie de cambios físicos, neuropsicológicos y cognitivos, que cuando se producen de forma conjunta afectan de forma grave a la salud de las personas que sufren soledad.

El ser humano como ser social que es necesita comunicarse, vincularse afectivamente y pertenecer a un grupo para asegurar su bienestar y su supervivencia. Es cierto que en ocasiones nos apetece alejarnos de la gente que tenemos alrededor para ordenar nuestras ideas o sentirnos en paz, pero desde un punto de vista estrictamente médico el término soledad lleva implícito un malestar ante la ausencia o limitación no buscada de las relaciones afectivas.

Cómo afecta el aislamiento a la salud

En todas las personas el proceso de envejecimiento conlleva cierto deterioro a nivel cognitivo. Con la edad el cerebro sufre una serie de modificaciones en relación a su peso, volumen y funcionamiento cognitivo y son estos cambios en la estructura cerebral los que producen que las personas mayores sean más propensas a sufrir ciertos problemas de depresión y que como consecuencia de ello aumente el riesgo de caer en hábitos poco saludables como pueden ser la malnutrición, aumento de la ansiedad o pérdida de sueño.

Por otro lado y de forma añadida, la pérdida de habilidad de cara a nombrar objetos, las crecientes dificultades para acceder al vocabulario o para resolver tareas y los típicos problemas de orientación, también pasan a convertirse en problemas serios para la gente mayor, que se suman a los daños producidos por la soledad.

La soledad, un problema para la salud y el bienestar de las personas mayores

Este tipo de contratiempos inciden negativamente en la sensación de aislamiento, potenciando a su vez el desarrollo de un envejecimiento patológico que es fruto de la falta de interacción y que contribuye a reducir las capacidades de cognición. En ese momento el aislamiento pasa entonces a un plano superior, provocando secuelas a varios niveles:

-A nivel neuropsicológico. La falta de interacción con otras personas reduce las oportunidades del cerebro de recibir estimulación, aumentando con ello el aislamiento social  y provocando un malestar psicológico de la persona que, además, deteriora su condición física.

-A nivel físico. El sedentarismo y la falta de ejercicio se adueñan de la vida de las personas con soledad, incrementándose el riesgo de muerte prematura en un 14%. Por otro lado, la falta de relaciones sociales lleva a una situación de abandono que deriva en problemas de malnutrición que ocasionan complicaciones en el control de enfermedades cardíacas o de la diabetes.

Además, la menor actividad física reduce el tono muscular de las personas mayores y agrava los problemas de artrosis, incrementando con ello el riesgo y número de accidentes domésticos, que por no ser atendidos por nadie tienden a complicarse en algunos casos.

-A nivel psicológico. El sentimiento de soledad genera con mayor frecuencia trastorno psiquiátricos como ansiedad o depresión, así como un mayor riesgo de desarrollar demencia. Todas estas situaciones afectan al sistema inmune de la persona mayor, haciéndolo más vulnerable frente a las enfermedades.

-A nivel cognitivo. El aislamiento en las personas mayores puede provocar un declive de los procesos cognitivos por falta de estimulación. Es por ello que el hecho de haber mantenido una vida activa en la que hemos visitado diferentes lugares, personas, actividades o disciplinas, genera una mayor reserva cognitiva para las personas mayores. Si nuestro cerebro ha recibido muchos estímulos será más resistente a los procesos degenerativos de la edad o a los propios procesos patológicos.

Cómo podemos evitar la soledad

Los hábitos más saludables para afrontar la soledad son el desarrollo de actitudes destinadas a trabajar sobre las capacidades cognitivas, además de fomentar el ejercicio físico y favorecer el mantenimiento de relaciones sociales de calidad.

La soledad, un problema para la salud y el bienestar de las personas mayores

Relacionarnos con nuestra familia o con grupos de amigos nos ayudará a evitar el sentimiento de soledad y los problemas de motivación, ansiedad y depresión que pueden estar asociados.

El mantenimiento de actividades de ocio para ocupar nuestro tiempo y evitar la apatía se convierte en un gran aliado. La realización de pequeñas tareas, como tomar un baño, ver una película, dar una vuelta, charlar con alguna amistad o apuntarnos a alguna actividad, nos mejorará el ánimo y ayudará a pasar nuestro día con una actitud más positiva.

Sobre todo hay que tener presente, que cuánto más tiempo pasemos solos más se agravará nuestro problema. Esta frase parece obvia pero muchas veces no somos conscientes de que nuestro aislamiento tiene fácil solución.

Por ello si te sientes solo haz un esfuerzo y sal a la calle a buscar actividades con las que te encuentres bien y no olvides que hay mucha gente que te puede ayudar.

seguro médico

TERRÁNEA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *