Mediante un estudio se han observado cambios de conducta en niños con parálisis cerebral en sesiones con perros de terapia. Los especialistas notaron cómo la comunicación, la atención, el interés o la conexión con el entorno de los jóvenes pacientes evolucionaron con la presencia de estos animales.

La experta en Neuropsicología con más de 30 años de experiencia en trastornos neuromotores, Adriana Galfré, se ha implicado en un estudio de investigación con el fin de abordar la comunicación humano-animal y su efecto positivo como instrumento de valor para tratar a niños con parálisis cerebral.
Que la neurorrehabilitación de esta enfermedad pueda tener a los perros como unos socios o ayudantes de los terapeutas, gracias a los sorprendentes efectos positivos que provoca la compañía de estos animales sobre los seres humanos.
En su libro «Mírame. Terapia asistida por animales en niños con parálisis cerebral», Galfré recopila los resultados de su proyecto y reconoce que el estímulo de su perra gran danés resultó ser un aporte significativo en los casos de cuatro niños con problemas motrices severos. Una investigación que demuestra la importancia del trabajo con animales para la estimulación psicocognitiva en niños con parálisis cerebral.
Sobre su perra, la doctora admite que «se convirtió en una eficiente co-terapeuta. Se integró rápidamente y estableció vínculos afectivos con los pacientes, a los que sorprendió más de una vez con su naturalidad animal, los besó otras tantas, y, sobre todo, captó su atención. Comió para ellos, se dejó acariciar por todo su cuerpo, y se entregó. Aunque impedidos de la palabra, ella y los chicos expresaron sus emociones».
El trabajo de consulta permitió comprobar que incluir un animal en la sesión de terapia física con niños con severos problemas motores, sensoperceptivos y comunicacionales pudo ser favorable de cara al desarrollo de dispositivos básicos para el aprendizaje.
Perros de terapia para niños con parálisis cerebral
- Los pacientes no sólo se beneficiaron de mejorar su rango de motivación a lo largo de toda la intervención, sino que ello incidió de manera favorable en ese aspecto del aprendizaje.
- El animal favoreció una comunicación más enriquecida entre los niños y la terapeuta, puesto que ayudó a que surgieran expresiones gestuales y orales referidas a la perra.
- La presencia del animal influyó en todos los casos de manera efectiva sobre la fijación visual.
- Los pacientes lograron mejorar su capacidad de seguimiento con la vista.
- La inserción de la perra Neni estimuló las funciones óculo-motrices en general.
- La interacción con la perra influyó sobre la motivación hacia la actividad propuesta de manera favorable.
En su libro, la investigadora explica que «se observaron cambios conductuales relacionados con una mayor atención, captación y seguimiento visual, una apertura de los canales sensoperceptivos que, en su conjunto, favorecieron una mayor conexión con el entorno y que tienen un canal de salida: la comunicación en cualquiera de sus formas conocidas».

¿Cómo se analizó la terapia?
- Se llevó a cabo tanto una estimación del tiempo de fijación y seguimiento visual, tomados como indicadores de la captación de un estímulo, de atención.
- Se analizaron los intentos de control cefálico (elevación y sostén activo de la cabeza) ante la presencia del estímulo, relacionándolos con la intencionalidad de prestar atención y mirarlo.
A modo de conclusión, Galfré destaca que la importancia de «seguir investigando y seguir buscando canales para poder llegar a este tipo de problemáticas. Los casos de parálisis cerebral no han disminuido. Ha cambiado. Ahora tenemos niños con parálisis cerebral severa que antes no se veían, porque fallecían; ahora la tecnología les da vida; son niños de muy bajo peso al nacer, que nacen con problemas pero que ahora viven. Aunque con muchos déficits».
«El objetivo siempre debe ser que el niño sea feliz. Que en lo que tenga de vida sea feliz. Si bien va a tener que ir a terapia, porque su condición física es complicada y, a veces se necesitan muchas terapias y durante mucho tiempo, que desee hacerlo. No debe perderse de vista que hay que procurar que sea feliz. Es importante que tenga deseos de ir a la terapia», incide la autora del proyecto.
Por último, apuesta claramente a que la presencia de un animal, como es un perro en este caso, contribuyó a esa felicidad: «Uno de los cuatro niños, empezó a tener un poco de oralidad a partir de esto. Y las familias y otros terapeutas confirmaron la existencia de cambios positivos».
Eso sí, también advierte que «no es que todas las terapias deban incluir un perro. Sí puede ser una alternativa, cuando hay un objetivo claro, porque si no, no es terapia asistida. El hecho de tener una mascota es fantástico, pero no es lo mismo que una terapia asistida por animales. El terapeuta se propone unos objetivos específicos y trabaja sobre eso».

Periodista | Comunicación corporativa y Marketing Digital en TERRÁNEA