En España los incendios forestales suelen provocar daños importantes en ganaderías y yeguadas. La situación de pánico que genera el fuego en los animales puede generarles, entre otros problemas, fracturas, heridas, estrés y quemaduras e intoxicaciones por humo, situaciones que ponen en peligro la vida de los caballos. Por esta razón una vez pasado el incendio los animales afectados deben ser tratados por profesionales veterinarios.

Los incendios forestales provocan que ganaderos y propietarios de caballos liberen a sus animales para que puedan huir de las llamas.
¿Qué le sucede a un caballo después de un incendio?
Los caballos que consiguen sobrevivir suelen ser capturados de nuevo y llevados a lugares donde dispongan de tranquilidad, alimento y agua, pero sin embargo con el paso de los días aparecen los problemas más frecuentes en animales sometidos al calor, al humo y al estrés provocado por el incendio.
Intoxicaciones por humo
Una cantidad moderada de humo ya causa en los caballos irritación en ojos y aparato respiratorio que dificulta la visión y la respiración.
Cuando la cantidad de humo aumenta el animal lo inhala y debido a la alta temperatura y las partículas que contiene se produce una inflamación de los pulmones. Esto dificulta el intercambio de oxígeno de forma adecuada y puede causar la asfixia del caballo. De hecho es la causa de muerte más frecuente en los incendios.
Si nos encontramos ante esta situación deberemos manejar a los animales de forma tranquila para no acelerar su respiración y forzar los pulmones.

Quemaduras
Cualquier animal entra en pánico ante un incendio, de forma que aunque los liberemos o ya se encuentren libres posiblemente tardarán en reaccionar a la hora de emprender la huida o lo harán por zonas calientes.
Las quemaduras más habituales en un incendio se producen en patas y abdomen, las áreas más cercanas al suelo y donde las llamas o las altas temperaturas contactan antes con el animal. Ante una quemadura lo primero que hay que hacer es enfriar la zona durante varios minutos con agua fresca y valorar el alcance de la lesión.
De esta forma evitamos que el daño siga aumentando con el calor en los tejidos profundos y aportaremos humedad a la zona, ya que las células afectadas habrán perdido toda el agua.
Es imprescindible cubrir las lesiones con apósitos limpios, a ser posible estériles, y que la asistencia veterinaria administre antibióticos para evitar las infecciones y analgésicos, ya que las quemaduras causan un gran dolor que deriva en más estrés para el animal.
Golpes y heridas
Durante la huida es fácil que muchos caballos sufran golpes que les provoquen contusiones e incluso heridas. El primer paso es detener el sangrado haciendo compresión sobre la herida y una vez conseguido proceder a limpiar la zona afectada con agua y algún desinfectante siempre que sea posible.
En muchos casos el animal deberá ser atendido por un veterinario, ya que puede necesitar la colocación de puntos para cerrar la herida y medicación para evitar infecciones y aliviar el dolor.
Estrés
Al igual que sucede con las personas ante una situación de miedo el cuerpo de los caballos libera diversas sustancias, como el cortisol. El objetivo es incrementar la cantidad de sangre que llega al cerebro y a los músculos con el fin de mejorar el estado de alerta y prepararle para la huida.
Esta respuesta es normal y beneficiosa cuando es controlada, pero puede provocar secuelas cuando el miedo es intenso y se ha mantenido en el tiempo. Tras una situación de este tipo los animales pueden sufrir alteraciones digestivas casi inmediatas, como gastritis o cólicos, fácilmente detectables aunque no por ello menos graves.
Por esta razón es imprescindible que el animal pase los siguientes días en un lugar tranquilo, con una alimentación controlada y bajo vigilancia.
Por otro lado, los equinos debido a su sensibilidad también pueden desarrollar otros problemas más tardíos, algunos de los cuales pueden ser difíciles de tratar.
Alteraciones como falta de apetito, desconfianza, depresión, comportamientos huidizos o rechazo a objetos y lugares pueden aparecer horas o días después del incidente.
Incluso se han descrito casos de animales que han sufrido síndrome de estrés postraumático tras situaciones que les han provocado altos niveles de estrés.

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