Estrés en caballos: Sabrás el nivel de ansiedad por sus ojos

Como en los humanos, el estrés en los animales es uno de los principales estados que alteran el comportamiento y que afectan al organismo. Lo curioso es que en los equinos es posible dilucidar cuál es su nivel de ansiedad según el parpadeo de sus ojos.

OJO DE UN CABALLO CON ESTRÉS

Calificado por nosotros mismos como uno de los principales males del siglo XXI, el estrés se ha convertido en un enemigo que provoca trastornos de ansiedad a más de 200 millones de personas en todo el mundo. En España son cada vez más los que sufren sus consecuencias, siendo las mujeres el colectivo que mayor riesgo presenta.

En los animales el estrés también tiene su protagonismo y de hecho, en los perros puede manifestarse según el nivel de ansiedad que padezca su propietario, por lo que debemos prestar atención en primer lugar a nuestro estado y pensar que el mismo también puede conllevar graves consecuencias en nuestras mascotas.

¿Cómo saber si mi caballo sufre estrés?

En el caso de los caballos, los amantes de la hípica y de estos seres deben incluir en sus cuidados más básicos y esenciales la prevención de estados que provoquen en los equinos altos niveles de ansiedad o estrés. Pues según un estudio publicado en la revista Animals, podemos identificar o ser conscientes del nivel de estrés que sufre nuestro caballo.

Se trata de una investigación que ha llevado a cabo la Universidad de Guelph con el objetivo de facilitar a los cuidadores una señal que les permita comprobar de manera rápida y sencilla la agitación en su animal. De hecho es el primer proyecto que revela la importancia de las contracciones en los párpados de los caballos y su relación como indicador del nivel de estrés. Y es que según las conclusiones del proyecto, si el caballo parpadea menos veces y contrae más los párpados su estrés es leve, mientras que si el nivel de este es importante en el equino, sus parpadeos serán más veloces.

CABALLOS CON ESTRÉS

Katrina Merkies, autora y principal responsable del estudio, hace referencia a los resultados del mismo refiriéndose a su paralelismo en los humanos, puesto que «cuando estamos bajo presión cambiamos nuestra forma de parpadear. Incluso algunos estudios demuestran que parpadeamos más cuando estamos más estresados, mientras que otros descubrieron que parpadeamos menos». En lo que respecta a los caballos, Merkies se centra en que tanto su equipo como ella misma deseaban comprobar si la frecuencia de parpadeo en los caballos también cambiaba.

Para llevar a cabo un análisis lo menos invasivo posible, el equipo dirigido por Merkies descartó emplear monitores de frecuencia cardíaca o niveles de cortisol en sangre. Por ello, decidieron ver los ojos de los equinos para comprobar si los parpadeos podían indicar información relevante. Fueron en total 33 los caballos de diferentes razas de tres instalaciones de clases de equitación en el oeste de Ontario que participaron en el análisis.

Estos animales fueron expuestos de manera individual a tres escenarios estresantes diferentes: al lanzamiento de una pelota para asustarlo; a separarlo del resto de equinos durante unos minutos; y por último a mantenerlo alejado de su ración de comida durante tres minutos a la hora de comer mientras que el resto de animales comenzaban a ingerir. Todo el proceso fue filmado para poder comprobar posteriormente los movimientos de ojos, oídos y la cabeza para medir su inquietud general.

A mayor estrés, menor frecuencia de parpadeo

Una vez concluidas las pruebas, los resultados mostraron que la fase en la que se le retiraba el alimento al caballo era la más estresante por el aumento de su frecuencia cardíaca y sus movimientos de cabeza. No así en las otras dos pruebas, que apenas provocaron al equino inquietud alguna. Fue precisamente cuando se le despojó de su ración alimenticia cuando sus ojos parpadeaban menos y contraían más los párpados superiores.

Fue durante el momento de estrés cuando la frecuencia de parpadeo disminuyó a cinco parpadeos por minuto, mientras que cuando se relejaban la frecuencia pasaba a ser de ocho o nueve parpadeos por minuto. Aunque sería en el momento en que vería cómo se alejaba su comida cuando la frecuencia se reduciría hasta los dos parpadeos. Por otra parte, en las otras dos pruebas no se produjo un aumento en las contracciones de los párpados.

OJO DE UN CABALLO

La intención de llevar a cabo la investigación también residía en que a pesar de que muchos cuidadores son capaces de detectar si sus caballos están estresados, puede ser arduo complicado identificar el estado de ánimo preciso de estos animales, especialmente si han sido entrenados de la mejor forma posible. Merkies hace referencia a esto asegurando que «cuando entrenamos caballos, les enseñamos específicamente a suprimir sus respuestas al estrés porque no queremos que reaccionen cuando están asustados o nerviosos. Pero incluso si han aprendido a suprimir su reacción, en realidad no disminuye el estrés que sienten«.

Sobre la importancia del proyecto a largo plazo, Merkies confirmó que espera que el hallazgo sirva a muchos cuidadores y profesionales de la hípica para evaluar en mejores condiciones el estado anímico de sus caballos, y que a fin de cuentas se utilice como «herramienta» para comprender mejor a estos animales.

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Jesús Rengel

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