A punto de cumplir su 60º aniversario el icónico Chevrolet Camaro es uno de los modelos más longevos de la industria automotriz norteamericana. Su producción comenzó en 1966 como respuesta al Ford Mustang y hasta el año pasado las estadísticas señalaban que se habían fabricado más de 5,7 millones de unidades de este “muscle car”.
En la segunda mitad de los sesenta el concepto “pony car” contaba con una importante demanda en Estados Unidos, y para hacer frente al exitoso Ford Mustang desde General Motors (GM) se pensó en desarrollar el nuevo modelo Camaro sobre la plataforma del Pontiac Firebird y sumarlo al catálogo de Chevrolet, una de las marcas de GM.
Lo que pocos saben es que el primer nombre que barajó GM para su nuevo “muscle car” fue el de Panther, una denominación comercial que finalmente quedaría en el olvido.
Los primeros Camaro
Diseñada por Henry C. Haga la primera generación Chevrolet Camaro se presentó oficialmente en Detroit y Los Ángeles en 1966 y con dos versiones, Camaro Rally Sport (RS) y Camaro Super Sport (SS), ambas con una longitud de 4,68 metros y un peso máximo de 1.650 kg, que comenzaron a llegar a los concesionarios el 29 de septiembre de 1966.
El Camaro SS montaba un poderoso motor V8 de 5,7 litros y 295 CV que podía ofrecerse en configuración descapotable y coupé de techo duro. Ni qué decir tiene que rápidamente el Camaro SS se hizo un hueco en las competiciones de resistencia y velocidad más famosas de Norteamérica, como por ejemplo las 500 millas de Indianápolis.
A las dos versiones iniciales del Chevrolet Camaro pronto se sumarían la Z/28 (1968) y la mítica COPO Yenko, diseñada para el mundo de la competición y que respondía a una modificación realizada por el preparador Don Yenko. Esta auténtica bestia, de la que se fabricaron 200 unidades, ofrecía 450 CV e incorporaba un motor de siete litros de cubicaje.
En aquella época Chevrolet estaba obligado a producir sus modelos Camaro dentro de los límites normativos estipulados por la legislación norteamericana, de forma que las versiones COPO eran vehículos que eran transformados fuera de las líneas de producción.

Los “muscle car” pierden potencia
La segunda generación Camaro -también con la firma de Henry C. Haga- aparece con el estreno de la década de los setenta y en ella Chevrolet/GM hace una apuesta por una carrocería más larga (4.775 mm), más perfilada y deportiva y menos clásica que la anterior. El objetivo era atraer a un público con nuevos gustos estéticos.
A partir de 1973 la crisis del petróleo hizo mucho daño a los “muscle car”, vehículos de grandes prestaciones y un elevado consumo, lo que provocó que los motores de 350 CV fueran sustituidos por mecánicas de menos prestaciones (y menor consumo) capaces de funcionar con gasolinas de menor octanaje, una decisión que no gustó demasiado a los fanáticos de este segmento de vehículos.
Al precio al alza de los combustibles, unida a una mayor preocupación por las emisiones contaminantes, se sumaría en 1972 una huelga en la planta de producción de Norwood que detuvo la producción durante 174 días y tras la cual al menos 1.100 Camaro tuvieron que ser desechados. La razón es que no cumplían con los nuevos estándares federales de seguridad de los parachoques.
Fue en la segunda mitad de los setenta cuando GM consiguió el objetivo de que las ventas del Chevrolet Camaro fueran superiores a las del Ford Mustang, su gran competidor, aunque ello sin alterar unos motores de serie que apenas rozaban el listón de los 200 CV.

El Camaro se asoma al siglo XXI
Con el comienzo de una nueva década aparece la tercera generación Chevrolet Camaro, esta vez diseñada por Jerry Palmer sobre la base de un vehículo de 4.877 mm. La comercialización comenzó en diciembre de 1981 y de nuevo las prestaciones de los motores volvían a situarse en la frontera de los 150 CV.

Esta tercera generación Camaro estaría vigente hasta 1993, lo que permitió que en un escenario de mayor vigor económico regresaran las variantes descapotables que en su día hicieron legendarios a los “muscle car”, al tiempo que las nuevas tecnologías de eficiencia energética permitieron incrementar las prestaciones sin un mayor consumo.
Finalmente, bajo el diseño de John Cafaro y Charles Jordan la cuarta generación Chevrolet Camaro fue la encargada de afrontar el cambio de siglo, un nuevo tiempo donde sus diseñadores imaginaron un Camaro más largo (4.915 mm) en el que mandaban las líneas redondeadas y futuristas.

Los modelos de serie de esta cuarta generación rondaban una potencia de 160 CV, mientras que las variantes de competición podían llegar a los 285 CV.

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