Munsterlander, los perros que fueron desechados por sus criadores

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Munsterlander, los perros que fueron desechados por sus criadores

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Los perros de caza menor, preferentemente los dedicados al rastreo y cobro de aves acuáticas, fueron muy populares en Alemania durante el siglo XIX, dando lugar a distintas razas caninas con tamaños y colores muy diferentes.

Cuando el Club del Perro de Muestra Alemán de Pelo Largo (German Long-Haired Pointer Club) decidió elaborar sus estándares de raza, los criadores y expertos tan sólo admitieron como capa la mezcla de marrón y blanco, lo que provocó que los cachorros negros y blancos, y de mayor tamaño que sus congéneres, fueran considerados «no aptos» y por lo tanto desechados.

A lo largo del siglo XX los Munsterlander han conquistado nuevos territorios al otro lado del Canal de La Mancha. Precedidos de su fama de excelentes rastreadores de aves, los Munsterlander comenzaron a llegar al Reino Unido a partir de 1980, convirtiéndose a partir de ese momento en una de las razas más solicitadas por los cazadores británicos, una demanda que provoca que los cachorros de Munsterlander tengan lista de espera y un alto precio en Gran Bretaña.

Dado que se trataba de perros con unas excelentes capacidades para el rastreo y cobro de aves, muchos cazadores de la región de Munster (Alemania) estuvieron encantados de adoptar todos aquellos cachorros blancos y negros desechados por los criadores, unos perros que con el paso del tiempo comenzarían a ser conocidos en Alemania con el nombre de Munsterlander.

Fue en 1919 cuando el Kennel Club aceptó reconocer a los Munsterlander como raza canina con personalidad propia, estableciéndose a partir de ese momento los estándares de color en la combinación de negro y blanco o negro y azul ruano.

Los machos adultos de Munsterlander presentan una altura entre 60 y 65 centímetros y un peso que puede oscilar entre los 25 y 29 kg, frente a las hembras de esta raza que miden entre 58 y 63 centímetros y pesan un máximo de 25 kg.

Munsterlander perros caza

Más allá de su talento cinético, una habilidad que hoy se encuentra en desuso, el Munsterlander se ha convertido en una excelente mascota familiar, dado que gusta del juego, es paciente y puede convivir muy bien en hogares con niños y con otros animales de compañía.

Además, otra de sus virtudes es que se trata de una raza calificada como hipoalergénica por los expertos, lo que explica su gran nivel de expansión en Alemania y otros países centroeuropeos limítrofes.

El único «pero» del Munsterlander está en sus propios orígenes, ya que al tratarse de un perro con ADN cazador, con preferencia por los terrenos acuáticos, necesita una actividad física diaria de al menos dos horas para mantener el buen tono de su musculatura y porque de otro modo el exceso de sedentarismo puede llegar a provocarles problemas de ansiedad y de convivencia.

Por esta misma razón el Munsterlander es uno de esos perros que requieren dedicación y un cierto tiempo de adiestramiento en su fase de cachorros y de preadultos, con el fin de que puedan adaptarse a entornos urbanos alejados del campo, que es su territorio de vida ideal, y olvidarse o al menos saber controlar el instinto ladrador innato a su raza.

Los Munsterlander son perros bastante saludables, de ahí que su esperanza de vida se sitúe entre 12 y 13 años, aunque la displasía de cadera a edades avanzadas es una patología que suele aparecer con cierta frecuencia.

Historia del Munsterlander

También es necesario que cuidemos su alimentación dado que esta raza es muy propensa a sufrir problemas estomacales, de ahí que el consejo de los veterinarios sea brindarles dosis de alimento reducidas y frecuentes con el fin de minimizar los riesgos digestivos.

Por otro lado, al sentir debilidad por el agua en edades senior estos perros también pueden llegar a padecer patologías articulares, como artritis o artrosis, que suelen venir provocadas por las bajas temperaturas del agua en invierno. En ejemplares que no pisen el agua este tipo de problemas no existirán.

En cuanto a su aseo los Munsterlander tienen pocos requerimientos, porque las labores de cepillado pueden realizarse una vez a la semana. Para evitar que el polvo y la suciedad se acumule en la zona de las almohadillas es aconsejable recortar el exceso de pelo en esta zona.

Por último, en el pasado y como solía suceder con otros perros cazadores muchos Munsterlander sufrieron el corte de sus colas. El objetivo era que este apéndice no fuera un obstáculo en su labor cazadora, un procedimiento que en la actualidad está prohibido salvo que esté avalado por un veterinario.

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