Los ponis, aquellos caballos que se quedaron pequeños

Para la Federación Ecuestre Internacional los ponis son caballos que no exceden los 148 centímetros de alzada, pero a partir de aquí ninguna diferencia más existe entre unos y otros, salvo que la selección genética realizada por los hombres hizo que los rechonchos, rudos y poco ágiles ponis se hayan convertido con el tiempo en las razas de caballos actuales.

Son muchos los aficionados a la equitación que piensan que caballos y ponis son especies distintas de equinos, pero para la Federación Ecuestre Internacional las cosas al respecto están muy claras: la única diferencia que existe es la alzada. Por debajo de 147 centímetros de altura estamos hablando de ponis (148 centímetros si el animal está herrado) y dentro de estas dimensiones los expertos distinguen a su vez cuatro categorías.

ponis

En esto de la alzada de un poni lo primero que hay que saber es que hasta los ocho años el animal no alcanza su altura definitiva, así que si queremos hacerlo de forma correcta es a partir de esta edad cuando hay que realizar las mediciones. Además, la futura alzada de un potrillo de poni dependerá fundamentalmente de la que tenga la madre.

Los ponis más pequeños son los de Clase A y aquí estarían encuadrados los famosos Shetland escoceses que apenas llegan a los 110 centímetros. En un escalón superior aparecen los ponis de Clase B cuya altura oscila entre 110 y 130 centímetros; seguidos por los de Clase C (entre 130 y 140 centímetros). Finalmente cierran el escalafón los ponis de Clase D con una altura máxima entre 140 y 148 centímetros, contabilizando en todos los casos los 100 mm de la herradura. Para concluir que el peso medio de un poni adulto puede estar en el entorno de los 100 kg.

Una vez aceptada la idea de que caballos y ponis pertenecen a una misma especie equina -Equus ferus caballus-, también tenemos que aceptar que los antepasados de los actuales  caballos eran muy parecidos a los rústicos, rechonchos y poco ágiles ponis, y que fue la “mano del hombre” la que provocó que mediante un proceso de selección genética los caballos fueran ganando en altura y esbeltez mientras que, por el contrario, los ponis se mantenían fieles a su formato inicial, características fisonómicas que todavía hoy se mantienen y se pueden apreciar en algunas de las razas de caballos con menor influencia humana.

La denominación “poni” tiene origen británico, porque es precisamente de Gran Bretaña, más concretamente de las islas Shetland, de donde es originaria la raza más pequeña (alzada de 70 a 110 centímetros) y porque también son británicos los Exmoor, que para los historiadores y expertos pasa por ser la raza más antigua de ponis, ya que se empleaban como animales de transporte y de tiro antes de la llegada de los romanos. Actualmente el catálogo mundial de ponis incluye cincuenta y cinco razas.

Cuando viven en libertad o en semilibertad los ponis son animales muy resistentes, independientes y que precisan de escasos cuidados, pero sin embargo cuándo viven en ambientes domesticados se vuelven sumamente delicados en cuanto a salud y alimentación. Cuando su vida transcurre salvaje los machos son capaces de reproducirse a partir de los dos años, mientras que cuando se crían en granjas o instalaciones ecuestres se espera a que cumplan los tres o cuatro años, ya que es en ese momento cuando por regla general los testículos descienden a la bolsa escrotal.

Las hembras de poni tienen un periodo de gestación de aproximadamente 320 días, más de diez meses, y frente a este dilatado embarazo cuando llega el momento del parto el proceso es sumamente rápido –unos diez minutos-. Trascurridas dos horas desde el nacimiento el potrillo de poni ya es capaz de amamantarse, una circunstancia que recuerda a la de cualquier otro equino que viva en libertad y cuyas crías deban levantarse rápidamente si quieren evitar peligros.

Frecuentemente los ponis tienen fama de ser animales tercos y con un carácter difícil que se traduce en comportamientos que pueden resultar impredecibles, pero ello se debe con frecuencia a una doma errónea realizada por personas inexpertas en la materia. Cuando el proceso se realiza correctamente los ponis tienen un carácter amable y son fáciles de montar para los niños dada su pequeña altura, de ahí que se hayan convertido en animales muy utilizados en los centros ecuestres.

Y aunque su tamaño pueda inducirnos a pensar que los ponis son animales frágiles, se trata sin duda de un error muy extendido porque los ponis tienen una extrema fortaleza gracias a poseer unas patas cortas y fuertes, un cuerpo muy compacto y un esqueleto y una estructura muscular que permiten que, dependiendo lógicamente de cada raza, puedan ser montados incluso por personas adultas.

Así que la próxima vez que veamos un poni o que nuestros hijos monten en uno debemos pensar que se trata de auténticos caballos y que hace miles de años, cuando no existían los purasangre y nuestros ancestros los perseguían para darles caza y aprovechar su carne y sus pieles, todos los caballos eran como ellos.

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