Superado el estrés térmico provocado por las altas temperaturas veraniegas, con el comienzo del otoño los riesgos se centran, principalmente, en aquellos caballos que por diferentes razones pueden mostrarse más susceptibles a sufrir diferentes problemas de salud estacionales, como cólicos, laminitis, gripe equina, rinoneumonitis infecciosa, etc.

En contra de lo que se pudiera pensarpara la salud de los caballos el otoño no es precisamente una estación cómoda y confortable. Entre finales de septiembre y finales de diciembre los riesgos que les acechan son múltiples y en buena medida están asociados a una mayor presencia de enfermedades respiratorias de origen vírico, como la gripe equina o influenza y la rinoneumonitis infecciosa.
Por otro lado, las temperaturas menos calurosas y los días soleados propios del otoño, hacen que de forma totalmente natural el pasto genere mayores niveles de azúcar (fructano), una circunstancia que puede llegar a ser muy perjudicial en caballos que de forma previa sufran de trastornos metabólicos. En estos casos el riesgo es que el exceso de azúcares pueda favorecer o provocar la aparición de la temida laminitis.
6 riesgos otoñales
Por todas estas razones los propietarios tienen que estar muy atentos a la salud de sus caballos durante el otoño, con el fin de advertir cualquier síntoma anómalo que haga necesaria la presencia del veterinario. Además, son los especialistas los que tienen que señalar cuál es la dieta más adecuada para sortear el otoño sin problemas.

Gripe equina o influenza
Se trata de una enfermedad vírica muy contagiosa y que con un periodo de incubación de 1 a 3 días de forma especial afecta a los caballos durante la estación otoñal. Es aconsejable hablar con los veterinarios con el objetivo de valorar la posibilidad de vacunación preventiva, lo que no significa que los ejemplares vacunados no puedan ser en algún momento transmisores de la enfermedad sin presentar síntomas de la misma.
Rinoneumonitis infecciosa
Esta patología vírica, que en ejemplares adultos tiende a volverse crónica, suele detectarse con mayor frecuencia en caballos jóvenes. Esta enfermedad causa afecciones respiratorias, abortos y problemas neurológicos, de ahí que también tenga que ser tratada de forma preventiva.
Laminitis
A comienzos del otoño la hierba genera grandes cantidades de azúcares naturales, sustancias que no deben formar parte de una dieta equilibrada. Por esta razón durante las horas de la tarde, tras la fotosíntesis, y principalmente en los días más soleados, es muy aconsejable reducir el tiempo de pastoreo de los caballos. También procederemos a revisar los cascos con cierta periodicidad con el fin de anticiparnos a la aparición de posibles patologías (laminitis) o de daños estructurales.
Envenenamiento
Con la llegada del otoño el gran riesgo de envenenamiento para los caballos viene provocado por el Sorgo-Sudangrass. Es tras las primeras heladas nocturnas cuando esta planta puede contener grandes cantidades de cianuro, sustancia altamente tóxica para los caballos, lo que hace necesario restringir al máximo las posibilidades de que los animales puedan alimentarse de forma habitual en aquellas zonas donde esta planta se considere abundante.

Cólicos
La aparición de la hierba fresca en otoño puede tener efectos negativos para la salud de los caballos, que tras el seco verano se alimentan de forma frugal con los primeros y sabrosos brotes verdes.
El exceso de azúcar vegetal puede inducir a cólicos en aquellos caballos más susceptibles, al tiempo que hay que tener mucho cuidado con una excesiva ingesta de bellotas, hojas y corteza de roble. La razón es que estos alimentos contienen altos niveles de taninos, sustancia que puede provocar trastornos digestivos, cólicos, etc.
Parásitos
Por último, hay que señalar que los parásitos no descansan en otoño y menos cuando las temperaturas en esta estación son cada vez más benignas debido al cambio climático. De ahí que la desparasitación interna y externa, sobre todo el caballos de pelo largo, tenga que ser rigurosa en otoño con el fin de no llevarnos sorpresas desagradables.

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