Los caballos son animales muy sociables y en este escenario vital la soledad, la falta de integración en el grupo, una mala alimentación o problemas asociados a patologías, pueden provocarles episodios de tristeza y depresión. En los animales afectados los síntomas son fácilmente observables, lo que nos permitirá en colaboración con los veterinarios aplicar una estrategia correctora.

¿Cómo saber el estado de ánimo de un caballo?
La depresión no es una patología exclusiva de los humanos y cómo sucede en nuestro caso también puede tener un carácter estacional. Está comprobado que la reducción de horas de luz en invierno y el hecho de pasar un mayor tiempo en los establos, provoca en los caballos un estado de tristeza que puede asemejarse a la depresión.
Por otro lado, cuando un caballo no es aceptado por el grupo en el que debería encontrarse integrado y con ello ve reducido su nivel de socialización, el animal también comienza a mostrar un carácter esquivo, aburrido, contrario al ejercicio y a la interacción que los expertos consideran como una forma de depresión.
¿Cómo saber si un caballo está deprimido?
Afortunadamente, los caballos son animales muy expresivos y curiosos, una característica equina que puede facilitarnos la prevención y el diagnóstico cuando se produce la aparición de un episodio depresivo o de tristeza.

Según muestran los estudios realizados al respecto, los caballos que padecen un estado de depresión suelen compartir una serie de síntomas comunes, como son el mantener las orejas quietas, la cabeza baja o fija en un mismo lugar, mirada perdida y lo que los expertos han bautizado con el nombre de “retiro sensorial”, que es el hecho de mantenerse inmóviles durante largos periodos de tiempo mirando a la pared de su box sin mostrar reacción a estímulos sonoros o táctiles.
Los veterinarios señalan, que en algunas ocasiones esta sintomatología depresiva puede no deberse a circunstancias de índole externa y verse acompañada por un descenso de los niveles de cortisol, de molestias ocultas en los cascos y de la presencia de patologías como anemia o dolor dorsal, por lo que en el tratamiento de la depresión se hace necesario descartar en los caballos afectados la existencia de patologías que con su presencia puedan contribuir o provocar su aparición.
¿Qué hacer cuando un caballo está estresado?
Lo primero que hay que apuntar es que los caballos son animales sociales, lo que se traduce en que su bienestar psíquico depende en buena medida de un correcto encaje dentro del grupo de animales en el que se encuentra integrado, porque está probado que un desajuste social puede provocarles estrés, aislamiento y depresión.

En este sentido los boxes no son una buena opción para los caballos, sobre todo cuando los animales pasan en su interior una gran parte del día y esta circunstancia se traduce en exceso de rutina y falta de ejercicio y estímulos. Por lo tanto, en caballos estabulados se hace imprescindible respetar las horas de salida y de ejercicio al aire libre, una cuestión que sus propietarios deben respetar al máximo.
Por el contrario, cuando los caballos viven en prado de forma habitual la parte de ejercicio y estímulos suele estar bastante resuelta, porque disfrutan de semilibertad y de la muy importante luz solar, pero como decíamos al comienzo cuando conviven en grupo hay que observar cuál es su grado de integración en el mismo.
En el caso de caballos que cambien de “domicilio” es fundamental que en las primeras semanas comprobemos con atención cuál es su socialización en el grupo, porque son precisamente estos animales recién llegados los que pueden sufrir algún tipo de acoso, aislamiento, etc., que termine por provocarles un episodio depresivo.
El sistema digestivo de los caballos está diseñado para que los animales estén continuamente comiendo, de forma que cuando el nivel de alimentación no es el correcto, ya sea en calidad de nutrientes o en cantidad, probablemente el animal comience a perder peso y a mostrarse apático, triste e incluso depresivo.

Es importante comprobar que nuestro caballo come lo suficiente -cantidad y calidad-, que se mantiene en su peso y que su carácter se muestra normal y sin cambios, porque en algunas ocasiones el vivir en grupo y carecer del suficiente suministro de alimento puede significar que los ejemplares dominantes monopolicen la comida y que esto se traduzca en que el resto de caballos coma menos.
Por último, si observamos que nuestro caballo pierde peso y muestra un ostensible cambio de carácter, lo aconsejable es que lo saquemos del grupo para colocarle en un prado donde se encuentre solo, pero en el que pueda tener interacción con los caballos de otros prados.
A partir de ahí comprobaremos cuál es su comportamiento, suplementaremos su alimentación para que gane el peso perdido e iremos viendo su evolución para plantearnos sin prisa su reintroducción en el grupo.

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