Borzoi, la mascota “antirrevolucionaria” de los zares rusos

Convertido en la mascotas de los zares y de la aristocracia rusa originariamente el galgo ruso o Borzoi era un cazador de liebres y lobos. Con la revolución bolchevique esta raza de perros se consideró símbolo de la decadencia monárquica y un animal a extinguir.

Perros Borzois.

Originariamente criados en las estepas asiáticas donde eran empleados para cazar liebres y lobos, dos tipos de animales diametralmente opuestos en la pirámide evolutiva, en ningún caso las tribus mongolas consideraban a los galgos rusos como sus mascotas. Fue a partir de su llegada a la corte de los zares cuando el galgo ruso pasó a convertirse en un animal de compañía, siendo rebautizado con el nombre de Borzoi por la aristocracia rusa.

Fue el Gran Duque Nicolás el que en sus perreras reales comenzó a criar los Borzoi en cautividad, convirtiendo con ello a unos perros cazadores de lobos en mascotas afectuosas, siempre obedientes con su amo y que sin embargo solían mantener una atávica desconfianza hacia los extraños. Se cuenta que el nieto del zar Nicolás I llegó a tener más de un centenar de galgos rusos.

Se estima que el Borzoi cruzó los Montes Urales sobre el año 1200 sin que su pelo sedoso y abundante llamaran la atención de nadie. Sin embargo en algún momento del siglo XIX todo cambió y su adopción como mascota de lujo por parte de la realeza y la nobleza rusa fue la causa de su expansión por Europa y al mismo tiempo de su casi desaparición como raza canina.

Los revolucionarios bolcheviques vieron en estos perros un símbolo de la decadencia monárquica y por lo tanto su extinción se convirtió en una cuestión de principios revolucionarios. Lo que salvó a los galgos rusos de su desaparición fue que por esas fechas algunos ejemplares de Borzoi ya habían viajado hasta América y Europa, como por ejemplo el que el zar Alejandro II había regalado a la Reina Victoria durante una de sus visitas al Reino Unido.

La altura de un ejemplar de Borzoi puede oscilar entre los 70 y 82 centímetros, dependiendo de que sea macho o hembra, puede pesar entre 25 y 48 kg y su pelaje se distingue por ser sedoso y algo rizado, abundando en su coloración las capas blancas con manchas oscuras, aunque fueron su estética elegante y su gracilidad de movimientos los que hicieron de los galgos rusos los animales preferidos de los monarcas y aristócratas europeos y rusos.

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