Dermatitis estival, el temido mal veraniego de los caballos

Con el calor los mosquitos encuentran un hábitat ideal para reproducirse y por ello es en verano cuando más actúan sobre los caballos. Es en ese momento cuando los animales alérgicos a las picaduras desarrollan la llamada “dermatitis estival”, lesiones de la piel que es mejor prevenir y que no resultan fáciles de curar.

CABALLO CON DERMATITIS

Quizá nos pueda parecer mentira pero la piel es uno de los órganos más importantes para los caballos. La principal misión de la epidermis es la de actuar como coraza protectora a la hora de preservar la salud interna del animal frente a todo tipo de agresiones externas.

La piel protege a nuestro caballo de traumatismos y de la acción de agentes ambientales que pueden resultar nocivos, a la vez que evita la acción de los rayos solares, ayuda a regular la temperatura del organismo y el sistema inmunológico, produce vitamina D, almacena nutrientes esenciales y elimina productos de deshecho a través de las secreciones.

En este sentido cuando llegan las altas temperaturas veraniegas uno de los problemas más frecuentes en los equinos a nivel dermatológico es la conocida como “dermatitis estival”, una afección que viene causada por la acción de los temibles mosquitos, cuya población aumenta exponencialmente con el calor, y que puede afectar al 30% de los caballos.

Empeora con la edad

Desde un punto de vista general esta “dermatitis estival” suele aparecer por primera vez a partir de los dos años y se trata de una patología que empeora con la edad del animal, porque cuando un caballo es alérgico a la acción de los insectos sobre la piel ya lo es para toda la vida.

Los veterinarios y expertos equinos coinciden en que no existe una especial predisposición relacionada con el color de la capa de pelo o con el sexo del animal en cuestión, y todas las razas son susceptibles de padecerla, aunque sí que existe cierta predisposición genética. El desarrollo de la alergia depende, sobre todo, del manejo de los animales y de cómo se haya desarrollado su sistema inmunológico en sus primeros años de vida.

CABALLO CON DERMATITIS

La “dermatitis estival”, como sucede con el resto de afecciones de este tipo es una inflamación de la piel (prurito) que viene producida por una reacción alérgica a la picadura de los mosquitos, en especial a las proteínas que contiene la saliva de los insectos, cuya presencia se incrementa con las altas temperaturas y la humedad. En este punto hay que señalar que tan sólo las hembras de los mosquitos son hematófagas, es decir, se alimentan de sangre.

Cómo se provocan las lesiones

Cuando la hembra del mosquito pica la piel se provoca un picor intenso que hace que el caballo se rasque la zona afectada dañando la piel, causándose heridas y dejando con frecuencia “zonas calvas” donde ha desaparecido el pelo, circunstancias que facilitan la posterior acción de las temidas bacterias. Las zonas que con más frecuencia resultan afectadas son la base de la cola, el nacimiento de la crin, el cuello, la línea ventral o la cara.

Además, el ataque de los insectos afecta al bienestar general de nuestro caballo puesto que el animal reacciona con nerviosismo desarrollando un pateo continuo que afecta negativamente a sus músculos, llegando a derivar en lesiones; produce una agitación de la piel constante que provoca que el animal muestre un carácter irritable, lo que se traduce en dificultades a la hora de la monta, y afecta de forma general al correcto descanso y alimentación del caballo, dado que los insectos actúan a cualquier hora del día, principalmente al amanecer y al atardecer.

Prevenir mejor que curar

Por esta razón los ejemplares que presenten casos de “dermatitis estival” deben estar en sus cuadras en las horas de mayor riesgo.

Conviene proteger las instalaciones con mosquiteras, también en lo posible a los animales, evitar los depósitos de agua cercanos a los caballos e instalar ventiladores que ahuyenten a los mosquitos. De forma simultánea los veterinarios pueden establecer una alimentación adecuada a las circunstancias y soluciones de tratamiento y desparasitación para cada uno de los animales afectados.

Otra solución son los repelentes naturales de origen vegetal que se aplican sobre la piel del animal, dado que el sudor de los caballos es un “elemento aromático” de gran atracción para los mosquitos, lo que nos hace pensar en que la limpieza frecuente de animales e instalaciones es cuestión indiscutible cuando llega el verano. En este sentido los expertos desaconsejan los repelentes químicos por los efectos negativos que tienen sobre la piel de los caballos.

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