Sabíamos que los caballos prehistóricos desaparecieron del continente americano hace 13.000 años y que posteriormente fueron caballos de origen español los que paulatinamente colonizaron Norteamérica a partir del siglo XVI. En este sentido los últimos estudios científicos corroboran que los caballos que montaban las distintas tribus indias tenían en su genética ADN español.

La imagen del primer soldado español montado a caballo debió ser impactante para los nativos americanos y eso a pesar de que las expediciones de los conquistadores españoles apenas contaban con unos pocos caballos.
Esos primeros jinetes sirvieron de base para el nacimiento de criaturas mitológicas, mitad caballo, mitad hombre, quedando registrada en la memoria racial de las tribus que la unión entre caballo y hombre en un sólo ente era posible.
Siglos después del descubrimiento y conquista de América surgiría en Estados Unidos una arraigada cultura del caballo entre las tribus indias, un hecho que aún perdura y que Hollywood se ha encargado de expandir y de mitificar a través de su poderosa industria cinematográfica.
La colonización de una especie
La conquista española fue la responsable de extender las poblaciones de caballos en los territorios situados por encima de los asentamientos fronterizos de Nuevo México, lo que provocó que los ejemplares asilvestrados procedentes de estos asentamientos tuvieran que adaptarse a un nuevo entorno y evolucionar si querían tener posibilidades de sobrevivir.

En este sentido los registros fósiles anticipan en doscientos años la presencia de caballos domesticados en los territorios norteamericanos, constatando además la existencia de una “fuerte afinidad genética” entre las actuales manadas de equinos salvajes y los caballos que llegaron a América de la mano de los conquistadores españoles.
Sabíamos que durante el Pleistoceno el continente americano contó con una especie de caballo salvaje que resultó completamente extinta durante la era glacial que tuvo lugar hace unos 13.000 años. De esta forma los ancestros de los caballos que pueblan actualmente Norteamérica son sin ningún tipo de dudas de origen español.
La investigación que constata este origen genético responde a una colaboración científica en la que han participado, además, representantes de diferentes pueblos nativos (comanches, pawnee, lakota, etc). Para muchas de las tribus que poblaban -y todavía pueblan- Norteamérica los caballos eran animales sagrados, tenían la misma categoría que las personas y por lo tanto formaban parte de la tribu.
El binomio hombre-caballo
El análisis pormenorizado de los restos arqueológicos existentes de los primeros ejemplares de caballos, ha permitido obtener resultados fiables sobre la presencia y origen de los equinos en el continente americano.

En este sentido los científicos han obviado las anotaciones realizadas por los colonialistas europeos durante los siglos XVIII y XIX, que en opinión de los expertos presentan un fuerte sesgo contrario a los indígenas y su cultura y que contienen muchas omisiones e imprecisiones.
Los registros fósiles estudiados por los investigadores incluyen piezas históricas como un fósil ecuestre que muestra marcas de torsión en el hocico, algo que según los arqueólogos apunta a que dicho caballo fue montado por indios americanos. Además, incluso fue curado de diferentes lesiones como así lo atestiguan las heridas cicatrizadas que aparecen en su registro óseo.
Por otro lado, los análisis de una treinta de restos de caballos prueban que entre jinetes y caballos existía una coordinación perfecta, de forma que como aseguraban las viejas creencias un solo ente hombre-animal era posible.

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