5 situaciones que crean confusión a un perro y son comunes para nosotros

Aunque un perro conviva con nosotros y nos conozca, a veces el inconsciente hace que creamos que nos comportemos de forma natural cuando quizá estemos confundiendo a nuestra mascota. Estas son algunas de las situaciones que para nosotros son comunes pero que a los perros les provoca confusión.

situaciones que crean confusión a perro

Pueden ser nuestros mejores amigos pero no debemos olvidar que son perros y como tal no pueden entender ciertos comportamientos que para nosotros son habituales. Ya tuvimos ocasión de repasar cuáles son las cosas que los canes más odian aunque pensáramos lo contrario, y ahora vamos a puntualizar aquellas situaciones que les generan gran confusión a pesar de que para nosotros sean de lo más normal.

Debes tener en cuenta que nuestro lenguaje corporal puede enviar mensajes que el animal no reciba como nosotros pretendemos. Humanizar a los animales supone un riesgo que debemos evitar, puesto que este tipo de comportamientos puede generar a tu perro una gran confusión que acabará afectando a vuestra relación y a su bienestar psicológico. Hacemos un repaso de estos actos para que intentes evitarlos por el bien de la salud de tu compañero doméstico.

Saludar y despedirte

Pues sí, puede que sea la costumbre de cortesía más popular que tiene el ser humano. Saludar cuando llegas y despedirte cuando te vas es de lo más común en el lenguaje oral y gestual de las persona, pero es todo lo contrario para el canino.

Tu perro no entenderá por qué saludas cuando llegas y te despides al marcharte, lo que le generará tristeza y confusión porque no se explicará el porqué de tu marcha. Igual sucede cuando llegamos a casa, por ejemplo tras la jornada laboral, y le saludamos con efusividad después de horas sin verle. Simples gestos inofensivos para nosotros que pueden dejar confundido al animal hasta el punto de originarle una depresión en los casos más extremos.

¿Y entonces cómo debemos actuar? Pues con la mayor naturalidad posible, es decir, no siendo ni demasiado efusivos cuando saludamos y tampoco cuando nos despedimos. De esta forma daremos a entender al animal que nuestra ausencia no es motivo de preocupación o de tristeza alguna.

Intentar que no se comporte como un perro

Es sencillo de explicar. Tenemos claro la condición animal de nuestra mascota, pero en ocasiones pretendemos que reaccionen como lo haríamos nosotros a ciertas situaciones. Eso no es posible, por mucho que lo intentemos. Contamos con la posibilidad de adiestrar y educar al animal, y así conseguir que puedan comportarse como nos gustaría. Pero ello debe hacerse mediante métodos de refuerzo positivo y premiando sus logros, no intentando que «comprenda» que no debe actuar como su instinto de perro le pide que lo haga en ocasiones.

No te sientas frustrado o molesto si tu perro actúa como tal, cuando ladra, muerde algún objeto o coge comida que no es para él. Utiliza el refuerzo positivo, sustituye objetos o alimentos y prémiale cuando actúe como pretendes. No esperes que él solo entienda qué debe hacer y qué no.

Ceder en el adiestramiento o la educación

El mismo planteamiento debemos tener si nos planteamos, ya sea por sentimiento de pena hacia el animal o por pereza nuestra, dejar pasar este tipo de técnicas de adiestramiento o educación porque creamos que así el animal va a sentirse mejor.

No será así, sino que le provocaremos incluso mayor confusión si un día pretendemos que se comporten de cierta manera y, de repente, otro día de otra. No tendrá sentido para él y no lo entenderá como un «oasis» o «día libre» en el proceso como lo podría entender un niño pequeño o una persona adulta que se da un capricho de un día. De nuevo, no podemos pretender que nuestro perro entienda esta costumbre propia del ser humano.

Ser un obstáculo en sus paseos

Lo apuntamos aparte, pero es otro de los comportamientos propios de un perro al que debemos estar atentos y saber cómo proceder al respecto. Lo primero es ser conscientes de que los paseos son para ellos un disfrute y una oportunidad de explorar olores y lugares más allá del hogar, por lo que no conviene que le prohibamos estrictamente que no se acerque a nadie, a otro perro o a algo que le llame la atención.

De nuevo le confundiremos al impedir que desarrolle el mayor de sus sentidos como es el olfato, sobre todo si le retenemos forcejeando la correa mientras estimulamos su deseo. De esta forma intensificamos su insistencia y le provocamos ansiedad y confusión propia de cuando nos prohíben algo y no entendemos por qué.

Lo aconsejable es hacer uso de una orden que ya tenga asumida el animal en su adiestramiento o educación que haya seguido desde cachorro.

Calmarlo con caricias

Prácticamente igual de común que saludar o despedir a alguien en el comportamiento humano. Calmar a un familiar cercano con caricias y mimos cuando está nervioso o asustado es de lo más habitual en nuestro lenguaje, pero como los anteriores no así para los perros. El animal lo interpretará como un aviso de que está sucediendo algo peligroso y como medio de protección más que de relajación, que sería nuestro objetivo. Nuestro gesto supone para ellos más terror que calma y eso puede hacer que reaccione de forma agresiva o asustadiza por su parte.

De nuevo, lo ideal es tratar al animal con total normalidad para que así no entienda que está pasando algo que puede ser dañino o entrañar riesgo o peligro.

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Jesús Rengel Ortiz

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