En este ardiente escenario han sido muchos los centros hípicos que se han visto afectados por los incendios forestales. Como medida preventiva y de seguridad esta circunstancia ha provocado que cientos de caballos estabulados en dichas instalaciones hayan tenido que ser evacuados a toda prisa ante la alarmante proximidad de las llamas y el humo.
Es importante tener en cuenta que este tipo de evacuaciones generan en los animales, además de posibles lesiones físicas, grandes niveles de estrés que suelen derivar en trastornos psicológicos. Por esta razón, superada la situación de emergencia probablemente será necesario llevar a cabo, con suficiente paciencia, un periodo de readaptación y de vuelta a la normalidad.
Cuáles son los riesgos
Un incendio es una catástrofe sobrevenida que con toda probabilidad va a generar en los caballos lesiones físicas y psíquicas, que pueden revestir mayor gravedad en aquellos ejemplares que tengan diagnosticados trastornos respiratorios o cardiacos.

- Lesiones físicas. El estrés y el nerviosismo hará que de forma involuntaria los caballos puedan sufrir diferentes tipos de lesiones, principalmente en las extremidades. Estas lesiones, incluso pueden ser heridas abiertas, suelen ser resultado de golpes y traumatismos producidos en las instalaciones en las que se encuentran ubicados los animales o durante el transcurso de una rápida evacuación. Tras la vuelta a la normalidad es aconsejable explorar a los caballos con el objetivo de detectar visualmente este tipo de lesiones, observando sus movimientos para advertir anomalías que nos hagan pensar en daños ocultos.
- Quemaduras. Es fácil que las llamas y las altas temperaturas puedan llegar a causar lesiones cutáneas (quemaduras) en las áreas más expuestas y también en los cascos.
- Daños respiratorios. Para la salud de los caballos el mayor problema de un incendio tiene que ver con la toxicidad del humo, como consecuencia de incorporar altos niveles inhalables de monóxido y dióxido de carbono, benceno, ozono, etc., y del hollín, que suele contener metales pesados como plomo, cadmio, etc. En este sentido hay que anotar que los caballos tienen una capacidad pulmonar de aproximadamente 30 litros, una frecuencia respiratoria de 9-16 respiraciones/minuto, que se acelera en situaciones de estrés, y un volumen de inspiración que oscila entre los 4.000 y 6.000 cc. Estas cifras explican por qué razón el humo de los incendios afecta gravemente a las vías respiratorias de los caballos, pudiendo provocar su muerte si el tiempo de exposición a los tóxicos supera un determinado umbral de tiempo, de ahí que en este tipo de incidentes la evacuación sea decisión obligatoria. Es cierto que existen mascarillas antihumo para caballos pero no es habitual que los centros hípicos cuenten con ellas. Por último, tras una larga exposición al humo los caballos deberán ser sometidos a un exhaustivo control veterinario con el fin de detectar trastornos de salud cuya aparición puede verse facilitada por el debilitamiento que este tipo de situaciones provocan en el sistema inmunitario.
- Golpes de calor. El estrés generado por el fuego y el propio miedo de los animales tiende a generar una hipersensibilización en el organismo de los caballos, haciéndolos más vulnerables a los golpes de calor derivados de las altas temperaturas.
- Problemas de comportamiento. La proximidad del fuego genera en los caballos altos niveles de estrés, nerviosismo y ansiedad, que a su vez se trasladan a su comportamiento conductual.
Consejos para después de un incendio
Como sucede con todos los herbívoros los caballos tienden a escapar cuando barruntan un incendio, pero el problema es que no pueden hacerlo cuando se encuentran confinados en instalaciones cerradas o en prados perfectamente delimitados, de ahí que debamos apostar por la existencia de protocolos preventivos, tanto a nivel particular como de los propios centros hípicos.

Una vez superada la emergencia los caballos regresarán de nuevo a la normalidad, pero los propietarios deben valorar y tener en cuenta que este regreso a su entorno habitual, si no existen lesiones físicas, deberá hacerse con paciencia porque es muy probable que los animales muestren algún problema de comportamiento fruto de haber vivido unas circunstancias totalmente desconocidas para ellos.
Por esta razón antes de volver a montar hay que cerciorarse de que los caballos mantienen una conducta conocida, porque de esta forma estaremos evitando riesgos y consiguiendo que los animales retomen de nuevo la confianza en nosotros y en su entorno.
Por último, con el fin de consolidar su sistema inmunitario consultaremos con nuestro veterinario el aporte de complejos vitamínicos en la alimentación, para poco a poco regresar a una dieta habitual.

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