En primavera la floración de las plantas y el incremento de las temperaturas provocan el incremento de niveles de patógenos alergénicos y la múltiple eclosión de insectos y parásitos, dos factores que preocupan a los propietarios al tener un impacto negativo en la salud y bienestar de los caballos.
Por otro lado, desde un punto de vista fisiológico la primavera trae consigo el proceso natural de la muda, que no es otra cosa que la pérdida del pelaje invernal y su sustitución por la capa estival mucho más ligera y fresca.
Al mismo tiempo las necesidades nutricionales de los caballos en primavera son diferentes a las existentes durante el invierno, de ahí que en colaboración con los veterinarios estemos atentos a los cambios que deberemos introducir en la alimentación si queremos asegurar cantidad y calidad de nutrientes y al mismo tiempo evitar problemas digestivos.

Cuidados primaverales para tu caballo
1. Los parásitos
Cómo hemos apuntado la primavera trae consigo el regreso de moscas, mosquitos, tábanos, garrapatas y un sinfín de parásitos externos que proliferan al hilo de las buenas temperaturas y que, además de perjudicar la salud a través de sus molestas picaduras, no hacen fácil la vida diaria de los caballos.
En este sentido es importante actualizar en primavera la agenda de desparasitación interna y a nivel externo comenzar con la dosificación de repelentes. Otra posibilidad es probar si los caballos toleran las mantas protectoras.
También deberemos ser muy rigurosos con la limpieza de instalaciones, utensilios, bebederos, comederos y entorno, con el objetivo de que los insectos no encuentren un hábitat adecuado.
2. La alimentación
En primavera los pastos verdes y frescos son una tentación para los caballos, pero hay que tener en cuenta que para prevenir el riesgo de cólicos la introducción del pasto en la dieta debe realizarse de forma gradual.

¿Por qué? La hierba contiene altos niveles de azúcares y tras el periodo invernal, donde los nutrientes básicos seguramente se han concentrado en el consumo de heno, un exceso de pasto puede desencadenar trastornos digestivos (cólicos), problemas metabólicos, sobrepeso, laminitis, etc.
3. Actividad física y exposición solar
Con la primavera y el cambio horario la exposición de los caballos a la radiación solar aumenta, un escenario climático al que hay que sumar una mayor duración e intensidad de los periodos de actividad física.
En este sentido y para evitar lesiones el consejo es ir de menos a más con el objetivo de que los caballos vayan adecuando progresivamente su sistema músculo-esquelético a las nuevas circunstancias.
En cuanto a la exposición solar los mayores riesgos se dan en ejemplares tordos y de capas claras y en estos casos las zonas de piel rosada en hocico y alrededor de los ojos son las más vulnerables a las quemaduras solares.

Para protegerlas, y con ello evitar el riesgo de la aparición de melanomas, deberemos utilizar máscaras con filtro UV durante las horas de mayor intensidad solar y un seguimiento veterinario dermatológico que permita alertarnos de cualquier trastorno cutáneo en fase inicial.
4. Las alergias
En primavera el polen y el polvo son los dos agentes alergénicos a vigilar. Si observamos síntomas de alergia acudiremos al veterinario para que sea el especialista quien valore la situación y aplique el tratamiento que estime más adecuado.
Por nuestra parte deberemos cuidar que las instalaciones (cuadras, boxes, etc.) se encuentren bien ventiladas y limpias.

5. La hidratación
En primavera calor y ejercicio físico exigen de una buena hidratación, de forma que seremos exigentes con el hecho de que los caballos dispongan en todo momento de agua abundante y fresca.
La razón de este estado de alerta tiene que ver con los riesgos ocultos que la llegada de la primavera tiene para la salud y el bienestar de los caballos y que van más allá de la creciente proliferación de parásitos e insectos motivada por la aparición de temperaturas más benignas y de la necesidad de diseñar un cambio de dieta de acuerdo con un más que probable incremento de actividad física y deportiva.
Para los caballos la primavera esconde riesgos que pueden causarnos muchos quebraderos de cabeza.
¿Cuáles son los riesgos?
1. Hongos
A medida que se produce un incremento de la temperatura ambiente y un aumento del periodo de luz solar, comienza en los caballos el proceso natural de muda por el cual pierden paulatinamente el pelaje de invierno. Durante este periodo es aconsejable realizar cepillados diarios con el fin de retirar el pelaje sobrante. La acumulación de pelo muerto, unido a las mayores temperaturas, favorece la proliferación de hongos en la piel.
2. Humedad
Todos los parásitos, externos principalmente, entran en actividad con la llegada de los calores primaverales y el fin de las bajas temperaturas. Esta situación hace necesario actualizar el calendario de desparasitación interna y proceder a la compra de repelentes de insectos. Aprovechar los de la temporada pasada no es buena idea, porque estos productos pierden efectividad una vez comienzan a utilizarse.
Un factor fundamental a la hora de hablar de parásitos e insectos es el nivel de humedad donde transcurre el día a día de los caballos. Hay que tener en cuenta que a mayor humedad mayor presencia de parásitos y de insectos. En primavera es fundamental cambiar con frecuencia el agua para impedir que los insectos puedan reproducirse en los bebederos, sobre todo en los instalados en espacios exteriores.

3. Procesionaria
Se habla mucho del peligro que entrañan las orugas de procesionaria para los perros, pero muy poco o nada se dice del riesgo que suponen para la salud de los caballos. Tras el contacto de boca, hocico o lengua con los pelos urticantes que a modo defensivo cubren el cuerpo de estos insectos, los caballos pueden sufrir inflamación severa de la garganta y de las zonas afectadas, una sintomatología que puede llegar a dificultarles la respiración y concluir con asfixia, además de provocar la necrosis de los tejidos afectados.
4. Alergias
La primavera es la estación de las alergias y en este sentido los caballos no iban a ser una excepción. El polen de las plantas y la mayor presencia de polvo puede dar origen, o agravar, alergias respiratorias y trastornos como el asma equina.
En relación con las orugas procesionarias en aquellas zonas con una abundante población de este insecto, uno de los riesgos es que los pelos urticantes que flotan en el ambiente puedan causar en los caballos irritación ocular, conjuntivitis y distintas reacciones alérgicas.
Por otro lado, una mayor presencia de todo tipo de insectos también puede llegar a convertirse en primavera en el origen de múltiples trastornos alérgicos provocados por las picaduras.
5. Cólicos
Cualquiera diría que la hierba fresca es el mejor alimento para los caballos, pero lo cierto es que no siempre es así. Tras meses de invierno consumiendo heno la excesiva ingesta de los primeros pastos primaverales puede provocarles cólicos y otros problemas digestivos. La razón es que la hierba fresca contiene altos niveles de azúcares naturales (glucosa, sacarosa y fructosa), lo que nos obliga a dosificar su consumo de forma gradual.

6. Laminitis
Por otro lado, el exceso de ingesta de pasto nuevo también puede producir laminitis, un trastorno que se define como la inflamación de las láminas interiores del casco. Además de por la excesiva ingesta de hierba, los cólicos también pueden ser desencadenantes de esta patología.
7. Sol
En primavera la incidencia de los rayos UV procedentes del sol es mayor y por lo tanto, aún en los días seminublados, es conveniente que los caballos cuenten con áreas protegidas. En los caballos tordos o de capa clara los rayos del sol pueden llegar a producir melanomas en aquellas áreas de la piel más expuestas y vulnerables.
8. Sobrepeso
Por último, el exceso de pasto verde disponible favorece que los caballos que viven en exterior puedan estar alimentándose continuamente con hierba, lo que desencadena un incremento de peso que al mismo tiempo incide negativamente en el riesgo de sufrir cólicos y laminitis. Por esta razón es conveniente que durante determinados periodos de la primavera los caballos permanezcan recluidos en recintos cerrados donde puedan recibir otro tipo de dieta distinta a la hierba fresca.

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