Desmontamos Seis falsos mitos sobre las vacunas

Tras la potabilización del agua la vacunación es la segunda acción sanitaria que más ha contribuido a reducir la tasa de mortalidad en nuestro planeta. Sin embargo, en plena era de la información el movimiento antivacunas está ganando adeptos a través de la propagación de falsas creencias que ponen en duda su seguridad y sus beneficios para los niños y la población en general. A continuación desmentimos seis falsos mitos sobre las vacunas.

A lo largo de la historia de la medicina no ha existido ningún fármaco que haya contribuido a reducir la mortalidad tanto como las vacunas. Los expertos calculan que la vacunación infantil evita cada año seis millones de muertes causadas por enfermedad infecciosas de fácil prevención, unas cifras tan solo superadas por la potabilización del agua.

Las vacunas son fundamentales para salvaguardar la salud de nuestros hijos y la de toda la sociedad

Pese a que estas cifras han quedado demostradas una y otra vez, cada día aumentan los bulos y los rumores acerca del peligro y la ineficacia de la vacunación. Para evitar la propagación de estas “fake news”, la comunidad científica está trabajando para poder desmentir los seis falsos mitos acerca de las vacunas.

1. Las vacunas para enfermedades erradicadas son innecesarias

El principal argumento que el personal sanitario esgrime para desmentir la creencia de que las vacunas son innecesarias para enfermedades erradicadas, es que el número de casos de estas enfermedades ha disminuido gracias, precisamente, a la gran cobertura de vacunación existente en nuestro país. De hecho en todas las comunidades autónomas se alcanza una cobertura del 95% y en algunas se llega incluso al 99%.

Esta situación se conoce como “efecto rebaño” y se refiere a que la vacunación de un individuo no solo le protege a él sino a todo su entorno al eliminarle como transmisor de enfermedades. Si el porcentaje de cobertura disminuyese podríamos ver un repunte de algunas enfermedades infecciosas no erradicadas.

El segundo argumento es la existencia de enfermedades infecciosas que solo pueden prevenirse a través de la vacunación personal. Un buen ejemplo de ello es el tétanos, una enfermedad que no se transmite de persona a persona.

Por otra parte, está el tema de que algunas enfermedades erradicadas en España aún continúan activas en otras partes del mundo, por lo que al viajar o con la llegada de personas extranjeras se podrían introducir de nuevo en nuestras fronteras si decayese la tasa de vacunación.

2. Las vacunas causan autismo

El desarrollo de trastornos del espectro autista (TEA) por parte de personas vacunadas es uno de los puntos en los que más se basan los movimientos antivacunas para defender su postura.

Este argumento se originó en 1998 cuando la revista científica “The Lancet” publicaba un estudio en el que se establecía una probable relación entre el autismo desarrollado por doce pacientes y la administración de la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola).

Años más tarde, una investigación demostró que el autor del primer estudio, Andrew Wakefield, había recibido dinero por parte de colectivos interesados en demostrar los efectos perjudiciales de las vacunas.

Actualmente, numerosos estudios con millones de niños como muestra han determinado que la administración de vacunas no provoca autismo.

3. Las vacunas producen otras enfermedades

Esta afirmación no es totalmente falsa y se trataría más bien de una verdad a medias. Múltiples estudios han dejado demostrado que no existe ninguna relación causal entre las vacunas y la aparición de otras enfermedades, salvo las contadas reacciones alérgicas.

4. Las vacunas producen reacciones muy graves

La mayoría de las reacciones posteriores a la vacunación son de poca importancia y de carácter temporal y suelen producirse por la reacción alérgica a alguno de los compuestos de las vacunas. Los efectos secundarios más habituales son dolor localizado, hinchazón y enrojecimiento de la zona del pinchazo y posible fiebre.

En contadas ocasiones las vacunas han podido producir efectos secundarios de carácter grave. Para poder atender a los pacientes ante una de estas reacciones la vacunación siempre se realiza en centros sanitarios. Además, todos los casos de reacciones de carácter grave se investigan posteriormente.

En cualquier caso las consecuencias de la no vacunación serían peores que los efectos secundarios.

5. Las vacunas llevan ingredientes perjudiciales

Uno de los ingredientes en el punto de mira de los antivacunas es el timerosal, un compuesto derivado del mercurio. Las investigaciones al respecto han determinado que no existe una relación directa entre la presencia de timerosal y la aparición de efectos adversos a la inmunización. A pesar de ello, este compuesto ha sido retirado de prácticamente la totalidad de las vacunas que se administran en Europa.

Los anti vacunas sólo se basan en habladurías y teorías conspiranoicas sin base alguna

Otro compuesto de las vacunas objeto de críticas ha sido el formaldehído, un metabolito procedente del carbono que se utiliza como inactivador de bacterias y virus. En las vacunas este formaldehído se encuentra en dosis muy por debajo de las marcadas como perjudiciales para los humanos.

Por último, el aluminio es otro de los ingredientes atacados que aparecen en las vacunas. Este mineral se utiliza como potenciado del efecto y a lo largo de los años no se ha demostrado que pueda causar daños en los pacientes, ni siquiera en bebés con pocos meses de vida.

6. Las vacunas se pueden poner de mayor

Con la excusa de que los niños son pequeños y el número de vacunas es elevado muchos padres se saltan el calendario de vacunaciones establecido en cada comunidad autónoma. Este hecho supone una grave negligencia, ya que el sistema inmunitario de los niños está todavía inmaduro, una circunstancia que se traduce en un mayor riesgo de contagio

Para contradecir esta postura existen ensayos clínicos que revelan que la vacunación según el calendario, en un periodo corto de tiempo, no es perjudicial para la salud de los niños. Al mismo tiempo otros estudios aseguran que la vacunación a una corta edad produce una protección más efectiva y duradera.

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